FÚTBOL DE CANTABRIA
El Montaña trabaja entre montículos
El club de fútbol espera un nuevo estadio mientras esquiva, día tras día, baches en el suyo
Escrito por Marcos Menocal el 11-12-2010 a las 09:27
Más que un entrenamiento, cada tarde, es una 'gymkhana' permanente. A partir de las 17.30 horas, de lunes a viernes, el campo de María Auxiliadora de Nueva Montaña se convierte en un campo de operaciones en el que nadie está a salvo de una lesión. Unos montículos aparecidos en una parte muy significativa del césped lo hacen impracticable para la disputa del fútbol. Y para pasear, si uno no está atento. Si llueve en exceso, la zona pasa a ser un estanque en el que una de las pozas llega a rondar los 15 metros de diámetro y con una profundidad cercana a los diez centímetros. Duras condiciones para los 220 chavales de la Sociedad Deportiva Nueva Montaña que entrenan cada día allí.
La entidad santanderina se encuentra a la espera de tener un nuevo campo. El Ayuntamiento de Santander está construyendo en la zona del Primero de Mayo ese ansiado lugar de entrenamientos y partidos para olvidar la pesadilla que viven. En marzo se presentó el proyecto por parte del ejecutivo y el plazo de ejecución que se aprobó era de siete meses. Ya ha transcurrido dicho tiempo y la obra está sin acabar. Aunque la instalación está adelantada, falta ultimar la grada, prevista para casi 250 espectadores, así como parte de la estructura adyacente que incluiría, dentro de los 482 metros cuadrados, los aseos y varias sedes sociales. La Sociedad Deportiva Nueva Montaña tendrá el uso prioritario, aunque la intención es que lo comparta con los equipos de la zona. A la espera de que bauticen con 'champagne' la obra, el club rojiblanco se apaña como puede.
Eduardo Solana es el coordinador deportivo de la entidad. Él, junto a la directiva, se las ingenia para intentar dar cabida semanalmente a los equipos del club: tres benjamines, dos alevines, dos infantiles, dos cadetes, dos juveniles y un regional. Pleno. El lema a seguir es: «Una semana jamón y otra mortadela». «Tratamos de que se alternen los equipos: Una semana entrenan en la parte buena del campo unos equipos y a la semana siguiente, lo hacen los otros», asegura Solana. Sin duda, todo un ejercicio de teoría salomónica llevada a la práctica extrema. Mientras dura el entrenamiento, la situación es un tanto grotesca. La mitad de los chavales disfruta de una tarde de fútbol, al mismo tiempo que la otra mitad se entrena para una carrera de obstáculos. «Aquí sólo entrenamos, ya que el Ayuntamiento no nos permite jugar. Para competir nos vamos al Complejo Municipal de La Albericia», añade el coordinador del club.
Esta pintoresca situación no es nueva, por lo que los jugadores y técnicos rojiblancos le tienen tomada la medida. «Los montículos grandes no son peligrosos», asegura Solana. Lo conocido siempre está controlado, deben pensar los integrantes del Nueva Montaña. «Los verdaderamente peligrosos son los pequeños, que no se ven. Esos baches y montículos son los que producen algún esguince», concluye el responsable.
Fallo de cálculo
Un fallo de cálculo puede ser el origen de este campo tan accidentado. Los primeros años de vida no presentó ninguna anomalía y la instalación cumplió. Pero, a partir de los cuatro años, lo que escondía debajo salió a flote. «El campo se hincha. Se dice que hay entre dos y cuatro metros de un material parecido a la ceniza de piedra que, con el agua, se hincha y se eleva. Habría que sacar el relleno subterráneo pero, al parecer, es muy caro», afirma Solana.
Cuatro campos en pocos años
Hace escasamente un par de semanas, el presidente de la entidad, Mateo Saínz, estuvo hablando con el Ayuntamiento de Santander. El consistorio le comunicó que la obra va por buen camino pero que aún les queda trabajo. Los del 'Montaña' esperan que los Reyes Magos les traiga un terreno plano. No han pedido más. Este club errante que un buen día tuvo que abandonar su antiguo campo situado junto a la iglesia por la construcción de un Centro comercial. Más tarde, y unos metros más allá, su segundo campo fue sustituido por un hotel. Ahora, el tercer terreno se tambalea encima de una marisma a la espera del cuarto que puede ser el definitivo.